Sin bicicleta, no se avanza
- Gonzalo Palomeque
- 6 nov 2021
- 2 min de lectura
Uruguay perdió su raíz y su vida. Perdió su alma mater, la bicicleta.
Es frecuente ver en Montevideo algunos rezagados abanderados del movimiento civil por las bicicletas, pero es algo oculto, innombrado, no tan visto por la sociedad como uno esperaría. Es frecuente el ataque a los ciclistas aventurados que transitan por la ciudad, cada vez más es normal que se les insulte o trate de monstruos viales: “Correte de la calle”. Algo tan insensible como declarar a todo pulmón que “La calle es para los verdaderos vehículos”. Y esto debe parar, porque gracias a esas actitudes nos acercamos paso a paso a la caída de nuestro país.
Si observamos las transitadas carreteras se puede ver todo tipos de autos: cachilos, chinos, de segunda mano, nuevos, caros y baratos; todos ellos, sin hacer distinción, son manejados con un ímpetu acelerado, sin miedo a ponerse a rebufo de las bicis que pedalean por su vida, más que por llegar al trabajo. Y eso que no hablo de los reyes de la calle, los ómnibus y los taxis. Parecen vehículos salidos de Mad Max luchan por ver quiénes son los que pasan primero y van más rápido a destino. Ni hablar de que no hay un solo auto que sea “eco-friendly”, lo que nuestra amiga la bici sí logra sin mucho esfuerzo. Ni una sola emisión de maldad.
Las que si cargan sobre sus asientos verdadera maldad son las motos. Vehículos llenos de odio que gritan por las calles demostrando su presencia. Todos sabemos que hay una moto porque se la escucha desde tres cuadras de distancia. Aparte de ruidosas también son envidiosas. Claramente su forma se asemeja a la de una bici: dos ruedas y un manillar; no necesitamos más para darnos cuenta de que es una burda copia con motor.
¿Y por qué es la solución a todos los problemas de nuestro paisito?
Si uno se fija en el resto del mundo, la bici tiene una importancia esencial en la vida de las personas. En Europa, por ejemplo: en Holanda hay más de dieciocho millones de bicicletas en el país, lo que nos vendría como anillo al dedo ya que serían aproximadamente seis bicicletas para cada uruguayo. Podría ser una por cada evento, reuniones de trabajo, salida con amigos, facultad y me quedaría corto para completar las seis. Y no hace falta mirar hacia tan lejos, en nuestra vecina orilla, en Rosario, Argentina, existe una calle donde por veintiocho kilómetros se impide la circulación de vehículos motorizados durante la mañana de los domingos.
Y qué más necesitamos para darnos cuenta de que es el camino que debemos seguir. Sería tan importante la imagen de la bicicleta en nuestro país que podría ser el ícono que nos represente. Contiene los dos elementos importantes que nos reconocen como nación. Humildad y naturalidad. Podría ser colocada en la bandera en vez del sol, que en nuestro país parece que no quiere salir nunca para hacer presencia.




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