La magia cinematográfica
- Gonzalo Palomeque
- 15 sept 2021
- 2 min de lectura
Actualizado: 6 nov 2021
Montevideo tiene un atractivo engañoso, esconde mucho bajo su cielo gris y calles sucias. A primera instancia parece ser una ciudad moderna, con edificios funcionalistas y constantes obras en todas las esquinas. Sin embargo, cuando recorres las calles de la ciudad te das cuenta de que Montevideo es una ciudad de antaño, un clásico que nunca aburre, gris pero constante. Por eso puedo afirmar que esconde algo, una magia, pero no puedo identificar qué es, ni de dónde proviene.
Cuando era chico solía venir muy pocas veces al centro, y cuando lo hacía, era como viajar a otro país distinto. En esos viajes en bus, cuando miraba por la ventana, notaba que los colores se tornaban fríos y emparejados a medida que me acercaba a la capital. Los colores dejaban de ser tan llamativos, los verdes y los celestes radiantes que se ven en mi hogar en Barros Blancos, se perdían de camino al centro. Esa corrección de color marca la diferencia entre las personas y la ciudad, genera contrastes. Ya no está esa energía amigable, pero a su vez peligrosa de vivir en el interior. En Montevideo es distinta esa energía, es más peligrosa, pero a medida que uno va conociendo la ciudad empieza a conocer pequeños detalles no reconocidos a simple vista.
Los charcos de agua en la calle que hacen ver la ciudad inmensa en su reflejo, el constante movimiento -siempre se está “haciendo algo” en las calles, nunca se para a reflexionar-, los sonidos a obras, los turistas sacando fotos a Artigas y a su vez, los jóvenes de las escuelas comentando esa situación como algo inhóspito. Pero ¿será que la magia de Montevideo radica en su simpleza y pequeños detalles?
En esos mismos viajes en bus que hacía cuando era niño, reconocí algo que me marcó desde ese momento. Esos viajes de 40 minutos me hacían reflexionar, tomar una pausa antes del movimiento de la capital -tal como un director de cine previo a que griten “¡acción!”-. Era como viajar en un limbo donde estás solo. Y es ahí donde descubrí qué me gusta de esta ciudad. Encontré una magia cinematográfica en la ciudad uruguaya.
Las calles de Montevideo tienen cosas para decir, en cada esquina podemos toparnos con una historia, con un personaje o un evento. Parece una ciudad tranquila y aburrida, pero no te dejes engañar con eso. Debajo de esa capa superficial se encuentra una señal llena de focos y luces, un set viviente donde siempre te brinda una historia interesante para contar. Y para darte cuenta es tan simple como frenar un segundo en Montevideo, mirar a tu alrededor y observar con detenimiento. Verás esos pequeños detalles que hacen grande a la ciudad. Por eso cautiva tanto con el tiempo, te vuelves parte de la ciudad, un actor más en la película llamada Montevideo. O eso me parece, porque bajo el cielo gris, los edificios cuadrados, las personas siempre apuradas y la suciedad en las calles; parece que ocultara su verdadera cara, la cual nunca sabremos cuál es.




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