Decime la verdad
- Gonzalo Palomeque
- 16 nov 2021
- 3 min de lectura
Actualmente cuando se habla del rol del periodista en nuestra vida diaria por desgracia ya no es para valorar los informes picantes sobre la política, o los hallazgos que cambian a la sociedad sobre lo oculto; actualmente solo se habla de él como un mal necesario. Se lo denomina una cucaracha que busca infiltrarse entre la basura y sacar a flote los desechos de la sociedad, “los trapos sucios”. Sin embargo, esa visión que demoniza a los buscadores de la verdad está muy alejada de la realidad.
Nunca me gustó tanto el periodismo como para defenderlo con capa y espada, no lo llevo en la sangre como si el cine o los cómics. Pero algo que no me gusta es que, como si se tratase de un hermano menor al cual en el recreo lo empujan, no se lo defienda como debería. No es alguien que no se pueda defender por sí solo, es más, el periodismo está instituido en la sociedad como uno de los elementos más importantes, podríamos decir que la libertad del periodismo es lo que marca la calidad democrática del país. Y es de eso a lo que me quiero referir en este texto.
El rol que desarrollan los medios, sean de derecha o izquierda, más o menos independientes, todos dan información para que cada uno se forme. Por lo general se aspira a dar la noticia completa desde todos los ángulos posibles. A veces esto no sucede y ante la decisión de optar por informar sobre algo o no, recae en primera instancia la responsabilidad sobre el medio, y en segunda, sobre el que se informa. Porque quedarse con solo lo que dice un medio, por más abarcativo que sea, no te hace ver la totalidad de los hechos.
Con esto no quiero decir que este bien que los medios omitan información que puede ser relevante para la sociedad, solo que, no siempre es malo o bueno. Son decisiones y está en uno a decidir si está de acuerdo con la decisión editorial o no. Siempre se debe informar y tratar de contrastar la información, por más obvia que sea la respuesta, pero siempre debe ser así. Sea chequear la fuente, buscar opiniones expertas que no estén a favor, o testigos de la situación que la hayan presenciado desde otro punto de vista.
Aunque hay algo que nos olvidamos a la hora de leer las noticias. Todas y cada una de ellas son escritas o grabadas desde la óptica de su autor. Sea la objetividad imparcial que sea. Nunca algo es totalmente objetivo si se trata de seleccionar una porción de la realidad. Porque contar que los Nazis mataron muchos judíos es la versión simple, lo más complejo es entender el porqué, y no todos están dispuestos a investigar sobre ello, aunque sea disparatado tratar de justificar tales actos inhumanos.
Y ahora estamos en un contexto donde se polariza mucho el mundo. Los medios de comunicación ya no solo son los periódicos; ahora lo son Twitter y “@Juan_zito69” de Instagram. Hay muchas voces y poca gente interesada en escucharlas todas con mirada crítica. Es por eso por lo que creo que ahora más que nunca importa más el rol del periodista. Pero no para decir que está bien y que está mal. Solo informar, sea cual sea la realidad. Sin disculparse por lo que informa, a menos que sea falso. Y en cuanto a nosotros, los no periodistas, solo nos queda hacer lo que alguna vez dijo Descartes:
“Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas”.




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