Cancelado por cancelar
- Gonzalo Palomeque
- 6 nov 2021
- 2 min de lectura
Si tuviéramos la oportunidad de eliminar de la tierra a una persona por un error que haya cometido no existiría nadie, porque por desgracia, ni los curas se salvan de cometer errores.
La cancelación basa su existencia en la “quema” masiva de una figura por sus actos o dichos de los cuales son tóxicos, incitadores a la discriminación de alguna minoría o hayan realizado algún delito que involucre gente perjudicada. Pero, yo me pregunto: ¿Quiénes somos nosotros para decidir si una figura debe ser cancelada o no?
Qué difícil es consumir contenido en el mundo actual, antes te enterabas de algún rumor, delito, o incidente; cada cierto tiempo. No era algo normal saber las intimidades de tu cantante favorito o las depravaciones de algún actor de Hollywood. Ahora más que nunca, podemos saber detalles tanto escabrosos como inentendibles de las estrellas. Y eso nos hace olvidarnos que son humanos y no productos.
Cuando era niño era muy fan de Michael Jackson, cuando me enteré de sus tendencias extrañas y acusaciones de pedofilia decidí bloquearlo de mi vida. Mucho antes de que salieran esos documentales claramente manipuladores. Pero, me di cuenta de que no podía privarme de reconocer lo que hace como artista, porque sin ninguna duda, Michael Jackson podrá ser raro, extravagante o polémico; pero siempre será un músico increíble. Y pasado el tiempo uno descubre que no todo es blanco y negro, parte de los casos de los que se le acusan hacen aguas por todos lados. Y no hay que olvidarse que la obra deja de ser parte del autor cuando sale al mundo.
Hoy en día los que rozan la cancelación constantemente son los humoristas. Ellos son siempre criticados por los chistes que realizan, Dave Chappelle, Ricky Gervais o por ejemplo youtubers como David Suárez y Matías Bottero. Estos personajes realizan chistes que afectan a minorías y critican la sociedad en la que vivimos, sin embargo, se enmarcan en un espectáculo y un acuerdo que realizamos conscientemente cuando vemos este tipo de contenido. Es humor. Citando a David Suárez en su video “Ofenderse” de la sección “Diarrea fuerte”:
“lo que más le gusta a los ofendidos es defender minorías a las que ni siquiera pertenecen, qué digo yo, si ser una minoría ya es jodido, imagínate cómo debe ser si encima una gran mayoría de gilipollas deciden por ti que no se pueden hacer chistes sobre ti mismo”.
Siempre el límite del humor es el contexto.
Ahora bien, este tema no es uno sencillo como para que pueda ser respondido de una sola manera. Siempre va a estar en cada uno la decisión de si seguir viendo “Seven” de David Fincher o no verla porque su mejor personaje es interpretado por alguien que fue acusado de violación a menores. No hay que tampoco negar la realidad y olvidarse que ese personaje haya cometido ese delito u opinado polémicamente, simplemente uno con sus valores decidirá si está bien o mal lo que hizo. Cada uno tiene la última palabra de elegir o no consumir contenido de esa persona, pero no tiene el derecho de “cancelar”, ya que, si cometió un delito, los jueces dictarán su sentencia. Y eso es a lo que se debería aspirar siempre, no un simple escrache en Twitter.




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